Se recomienda consultar a un gastroenterólogo cuando existen síntomas digestivos persistentes como acidez frecuente, dolor abdominal, cambios en el hábito intestinal, sangrado digestivo o problemas relacionados con el hígado.
La colonoscopía generalmente se realiza bajo sedación para mayor comodidad del paciente, por lo que la mayoría de las personas no experimentan dolor durante el procedimiento.
La endoscopía permite evaluar el esófago, el estómago y el duodeno para diagnosticar condiciones como gastritis, reflujo, úlceras o inflamación.
Es una pequeña cápsula con una cámara que el paciente ingiere para capturar imágenes del intestino delgado, permitiendo evaluar áreas que no pueden observarse con otros estudios.
Es un estudio no invasivo que mide la rigidez del hígado para detectar posibles enfermedades hepáticas como fibrosis o cirrosis.